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REFLEXIONES

  • 10 jul
  • 2 min de lectura

Héctor Hernández Parra.

 

Existen algunos conceptos que flotan en la mente de la ciudadanía coatepecana que cobran especial significado.

 

El voto es un instrumento, una mercancía, un poder colectivo con el que cuentan los hombres y mujeres libres de ataduras y compromisos en el que se puede construir el porvenir posible o se puede destruir el porvenir social.

 

En ciudades democráticas los políticos hacen lo impensable por conquistar el sufragio colectivo e inclinar la balanza en cualquier sentido.

 

Para el ciudadano común, existe la confusión entre la grilla y la ciencia política.

 

La importancia de distinguir la diferencia entre súbditos y ciudadanos, con derechos y responsabilidades, o la carencia de ellos, padecer la soberbia de quienes confunden el servicio público prestado hacia el elector que paga salarios y solicita respeto y atención a la gente.

 

Ante la experiencia de servidores públicos con autoridad y responsabilidad, llega el cuestionamiento si los gobernantes son empleados de quien tributa o, para algunos, la corrupción e impunidad tienen el manto protector de la opacidad y la falta de transparencia.

 

El electorado percibe que es indispensable fiscalizar el ejercicio público de los recursos y que sea garantizado con representantes del pueblo que defiendan con ética, conocimiento y alta responsabilidad, ejerciendo y protegiendo cualquier exceso de autoritarismo autorizado con intereses personales de grupo.

 

La mayoría edilicia gobierna para los intereses de una camarilla.

 

El dispendio, la simulación y el secreto del ejercicio financiero deberá corregirse.

 

Un buen gobierno exige transparencia al margen de videos, aplausos y banderazos narcisistas.

 

REFLEXIÓN CIUDADANA

 

Desde el inicio de la actual administración municipal, se ha evidenciado desconocimiento respecto a temas de inclusión, discapacidad o discriminación. Existe una confusión de los servidores públicos al confundir la discapacidad con Derechos Humanos.

 

Para resolver esta grave situación es urgente un Diplomado o Capacitación. La intolerancia y la falta de sensibilidad se explican por si solas.

 

Brota aquella frase que “EL DESCONOCIMIENTO DE LA NORMATIVIDAD NO EXIME A NADIE DE SU CUMPLIMIENTO Y SU RESPONSABILIDAD.”

 

La ignorancia sigue ubicando a los servidores en su justa dimensión.


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