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EDITORIAL

28 ago
2 min de lectura

Vaya escándalo político que estamos presenciando en este cierre de agosto. Para algunos analistas es el principio del fin de morena. La caída de Rubén Rocha Moya provocó una inevitable ruptura entre el grupo de Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante muchas semanas, la presidenta defendió pidiendo pruebas al gobernador con licencia, lo que le provocó un alto costo político.

 

Todo parecía que el tiempo le daría la razón a Claudia Sheinbaum, sin embargo, en un acto de soberbia Rubén Rocha, sin avisar, regresó al cargo por unas horas, pero su caída era inminente. Sin el apoyo de Claudia Sheinbaum el futuro de Rubén Rocha se definió en cuestión de horas y ya lo esperan en Estados Unidos.

 

Sin embargo, al interior de Morena inició una clara ruptura con alcances que aún no se conocen debido a que el grupo de López Obrador peca de soberbia y no termina por entender que la presidenta Claudia Sheinbaum es la que tiene el mando.

 

Así que habrá una inevitable ruptura porque el grupo de AMLO deberá alinearse a Claudia Sheinbaum o tendrán que ser relegados para el 2027. Tarde o temprano tendría que haber una separación y ruptura entre Claudia Sheinbaum y López Obrador y ya empezó con un resultado de pronóstico reservado.

 

El que Rubén Rocha Moya volviera a la gubernatura de Sinaloa —tras más de 100 días había pedido licencia para ausentarse— fue una orden desde Palenque, Chiapas, de López Obrador, molesto con la presidenta Sheinbaum Pardo.

 

La presidenta dijo que se enteró de la decisión de Rocha Moya a través de un mensaje que este subió a la red X, donde anunció que retomaba el gobierno de su estado, lo que solo duró algunas horas. Y ella en esa misma red escribió: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder”.

 

El mensaje de la presidenta no tiene destinatario, pero el contenido de su reflexión no va dirigido a Rocha Moya, acusado por el gobierno de Estados Unidos de nexos con el crimen —las pruebas son abrumadoras e incluso aplastantes—, sino a su antecesor, López Obrador, quien en los últimos 20 años ha sido su líder y mentor.

 

Lo realmente de fondo en este hecho, es si estamos frente a la ruptura abierta entre la presidenta y López Obrador, o es solo que la presidenta decidió poner límite al poder que su mentor y líder ha tenido en su gobierno, y, por fin, se decidió a que solo ella es quien va a gobernar.  La respuesta la vamos a ver en los próximos días.


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