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EDITORIAL

10 jul
2 min de lectura

“¿Y si sí?”… Esta frase se generó en redes sociales y se convirtió en el lema de la fiesta. Un extraño himno que retrató, junto con un pato, nuestra ilusión, pero también nuestra eterna duda ante la victoria. ¿Y si sí… el Gobierno hubiera prolongado la duración de esta pausa que le permitió disimular y distraer de una innegable crisis política? Pero el sueño se acabó y el lunes pasado tuvimos que volver a la realidad.

 

Va a ser duro para la 4T el regreso a la realidad. Sin más distractores, llegó la hora de pensar en el futuro de nuestra economía con un T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) a revisión anual, en vez de asegurarlo por 16 años. Llegó la hora de tomarse en serio las advertencias y señales que llegan desde Estados Unidos, que muy probablemente se traduzcan en nuevas acciones legales del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra políticos mexicanos corruptos y narcos. Y, entre otros muchos asuntos, el Gobierno tendrá que explicar qué está pasando con los acuerdos “en lo oscurito” que afectan a los mexicanos.

 

Aunque el Mundial sigue, en México se acabó la fiesta, y los asuntos pendientes volverán al centro de la agenda pública: las madres buscadoras nos seguirán recordando que en México hay 135 mil personas desaparecidas. El gobierno federal, y el local, deberán transparentar: el manejo opaco de los recursos públicos, del financiamiento de las campañas por el narco, la desaparición de las instituciones, de la independencia de poderes, de la democracia y del erario.

 

El mundial continúa hasta el 19 de julio, pero, por más entusiasmo que despierte, los mundiales no resuelven los problemas de un país. La inseguridad no desaparece por noventa minutos de juego. La corrupción no se combate con goles. La deuda interna, que se ha duplicado con la 4T, no mejora porque un estadio esté lleno. Las carencias en los servicios de salud de medicamentos, el desempleo, la informalidad o la desigualdad continúan ahí. Luego de este breve distractor, vuelve la realidad,

 

Corresponde a las autoridades seguir enfrentando los retos que durante unas semanas quedaron fuera de la conversación pública. Pero también nos corresponde a los ciudadanos hacer nuestra parte. El entusiasmo, la solidaridad y el sentido de comunidad que demostramos durante el Mundial no tendrían por qué desaparecer con el silbatazo final. Si fuimos capaces de unirnos para celebrar un triunfo deportivo, también deberíamos ser capaces de construir acuerdos para resolver los problemas que afectan nuestra vida cotidiana.

 

El Mundial terminó, sin embargo, la realidad permanece. Y esa realidad exige mucho más que una buena Selección: necesita instituciones fuertes, gobiernos eficaces y una sociedad comprometida con el país que quiere construir.


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