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PSICOLOGÍA CON ÁNGELES

11 sept
3 min de lectura

10 de septiembre: hablar de suicidio también es prevenir

Por Psic. Ingrid Karen Gaxiola Angeles

Cada 10 de septiembre se conmemora el “Día Mundial para la Prevención del Suicidio”, una fecha que nos invita a detenernos, mirar a nuestro alrededor y recordar que prevenir el suicidio no es responsabilidad exclusiva de los profesionales de la salud mental: es una tarea que nos involucra como sociedad.

Pero, ¿por qué el 10 de septiembre?

Esta fecha tiene su origen en 2003, cuando la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), estableció el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La primera jornada se realizó en Estocolmo, Suecia, el 10 de septiembre de ese año, con el propósito de colocar el suicidio como un importante problema de salud pública en la agenda mundial y generar conciencia sobre la posibilidad de prevenirlo.

Desde entonces, cada año, organizaciones, instituciones, gobiernos, profesionales y comunidades de diferentes países se unen durante esta fecha para hablar de prevención, reducir el estigma y promover acciones que permitan identificar y atender oportunamente el sufrimiento emocional.

Y este punto es fundamental: hablar de suicidio no provoca el suicidio. Por el contrario, una conversación responsable puede permitir que una persona que está sufriendo encuentre un espacio seguro para expresar aquello que quizá lleva mucho tiempo callando.

Durante años, el silencio ha acompañado a este tema. Muchas personas tienen miedo de preguntar directamente si alguien está pensando en suicidarse porque creen que hacerlo puede “darle ideas”. Sin embargo, preguntar con empatía y sin juzgar puede ser una forma de acercarnos a quien necesita ayuda.

Una persona que atraviesa una crisis puede sentirse atrapada, desesperada o convencida de que no existen alternativas. En esos momentos, sentirse escuchada y acompañada puede ser muy importante.

Por ello, debemos aprender a reconocer algunas señales de alerta: cambios importantes en el comportamiento, aislamiento, desesperanza, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, alteraciones significativas del sueño o apetito, expresiones de sentirse una carga, hablar de que la vida ya no tiene sentido o despedirse de personas cercanas de una manera inusual.

Sin embargo, no debemos esperar a identificar todas estas señales para acercarnos a alguien.

A veces, prevenir comienza con algo tan sencillo como preguntar:

“¿Cómo estás realmente?”

 

Y, sobre todo, estar dispuestos a escuchar la respuesta.

Cuando una persona expresa que no quiere vivir, que desea desaparecer o que siente que ya no puede continuar, no debemos minimizar su dolor con frases como “échale ganas”, “todo pasa” o “hay personas que están peor”. Tampoco debemos juzgarla o hacerla sentir culpable.

Podemos escuchar. Podemos acompañar. Podemos ayudarle a buscar atención profesional.

La prevención también comienza mucho antes de una crisis. Se construye dentro de nuestras familias, escuelas, centros de trabajo y comunidades. Se construye cuando enseñamos a nuestros niños y adolescentes que hablar de sus emociones es válido; cuando dejamos de considerar la atención psicológica como algo exclusivo para quien “está mal”; cuando aprendemos a pedir ayuda y cuando dejamos de sentir vergüenza por reconocer que estamos pasando por un momento difícil.

En 2026, el Día Mundial para la Prevención del Suicidio continúa bajo el tema “Changing the Narrative on Suicide” —“Cambiar la narrativa sobre el suicidio”—, acompañado del llamado a la acción “Start the Conversation” —“Comienza la conversación”. La propuesta busca precisamente cambiar el silencio, los prejuicios y los mitos por conversaciones abiertas, empáticas y responsables.

Y quizá ahí se encuentra una de las claves más importantes de la prevención: atrevernos a conversar.

No necesitamos tener todas las respuestas. No necesitamos saber exactamente qué decir. Muchas veces, lo más valioso que podemos ofrecer es nuestra presencia y nuestra disposición para escuchar.

Si una persona presenta riesgo suicida, es importante tomar la situación con seriedad, evitar que permanezca sola y buscar atención profesional inmediata. Ante un peligro inminente, se debe acudir a los servicios de emergencia.

Este 10 de septiembre no debería ser solamente una fecha marcada en el calendario. Debería ser una oportunidad para preguntarnos qué estamos haciendo como familias, escuelas, instituciones y sociedad para cuidar nuestra salud mental.

Porque detrás de cada estadística existe una historia, una familia, personas que aman y una vida que pudo haber necesitado ayuda.

Prevenir el suicidio comienza cuando dejamos de mirar hacia otro lado.

Comienza cuando preguntamos.

Comienza cuando escuchamos.

Comienza cuando dejamos de juzgar.

Y, muchas veces, comienza con una conversación.

Este 10 de septiembre, cambiemos la narrativa. Hablemos de suicidio, hablemos de salud mental y, sobre todo, hablemos de esperanza.


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