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Mientras veíamos el Mundial Morena endeuda a México

  • 10 jul
  • 2 min de lectura

Mientras estábamos viendo el fútbol, el gobierno de Morena acaba de contratar 6,300 millones de dólares en nueva deuda. Dicho de otra forma: sacaron una tarjeta de crédito nueva para pagar la deuda, que en siete años duplicaron. Colocaron 4,800 millones de dólares a pagar en 2037 y otros 1,500 mdd a pagar en 2056.

 

En otras palabras, hipotecaron el futuro de nuestros hijos y nietos para tapar hoyos que ellos mismos crearon. Todo esto, para recomprar deuda que ya estaba por vencer. Mientras el déficit fiscal crece y las calificadoras ya encendieron las alarmas. El gobierno presume soberanía… pero nos endeuda hasta el 2056. La deuda no desaparece, solo cambia de fecha.

 

Otros temas igual de importantes y sensibles: Mientras millones de mexicanos discutían alineaciones y arbitrajes, la manufactura acumulaba 27 meses de contracción, la inversión privada retrocedía y la recaudación tributaria registraba una caída de 1.4%, la primera para un periodo similar desde 2012. El ISR disminuía 5.8%, su peor comportamiento desde 2009, mientras los ingresos petroleros quedaban 120 mil millones de pesos por debajo de lo programado. A ello se sumaba un subejercicio de 417 mil 814 millones de pesos, evidencia de que el gobierno dejó de ejercer una parte importante del presupuesto autorizado.

 

La señal más preocupante apareció en las prioridades del gasto. En los primeros cinco meses del año, la inversión física del gobierno cayó 17%, su nivel más bajo en dieciocho años. Al mismo tiempo, el costo financiero de la deuda pública superó en casi 100 mil millones de pesos toda la inversión realizada por el Estado. Es decir, México ya destina más recursos a pagar lo que debe, que a construir carreteras, hospitales, escuelas o infraestructura para crecer.

 

El déficit fiscal aumentó 42%, la deuda pública alcanzó 18.9 billones de pesos, equivalentes a 50.6% del PIB, y el gasto en pensiones continúa creciendo con mayor rapidez que la inversión productiva. Una economía que crece menos, recauda menos; cuando eso ocurre, el margen para financiar el futuro se reduce y el riesgo de depender cada vez más de la deuda aumenta.

 

Las calificadoras también comenzaron a enviar señales. Moody’s redujo la calificación soberana de México a Baa3, el último escalón del grado de inversión. No significa una crisis inmediata, pero sí una advertencia: el margen para cometer errores económicos es cada vez menor.

 

Y todavía queda el tema del que se habla poco: el futuro del T-MEC. La discusión suele reducirse a aranceles o negociaciones comerciales, cuando el verdadero desafío es otro. Ningún tratado puede sustituir la confianza. Sin Estado de Derecho, certeza jurídica, seguridad y reglas estables, la inversión simplemente busca otro destino. Las plantas que no se instalan, los empleos que no se crean y el capital que decide esperar rara vez aparecen en las conferencias de prensa, pero terminan pesando mucho más que cualquier discurso.

 

El fútbol volvió a cumplir su vieja función: distraernos de aquello que realmente definirá el destino del país.


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