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HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

11 sept
3 min de lectura

Vereda de los grandes

(Don Hugo)

 

Había escuchado historias de compañeros senderistas sobre un señor de no mucha estatura pero gran habilidad para caminar y con una memoria inmensa que almacenaba infinidad de caminos y veredas. En mi mente pensaba: ¡Vaya! ¿Alguna vez caminaré con él?

 

La respuesta a esta pregunta llegó un día de abril cuando por azares del destino coincidió el lugar de encuentro de su grupo con el grupo que yo caminaría. Escuche murmurar a algunos compañeros: “Ese es Hugo”. Otros compañeros que lo conocían lo saludaban, decidí acercarme cautelosamente para no interrumpir: - Buenos días maestro. ¡Hasta que se me hizo conocerlo! He tenido ganas de caminar con usted desde hace tiempo, pero no había podido coincidir.-   Me miró indiferente diciendo: - ¿Con quién caminas? - Atendí rápidamente a su pregunta. - Anota mi número y te aviso cuando salga.-  Estrechamos las manos y con estas palabras sellamos un pacto inmarcesible, tan profundo que, incluso hoy que escribo lo encuentro tan vigente como aquel día.

 

Un miércoles me llegó su mensaje convocándome para una caminata “tranquila” el fin de semana.  De cabello largo como el de “Luis” de Franco de Vita, que escondía bajo las canas la memoria infinita que hasta con los ojos cerrados le permitía y le permite recorrer senderos. Su vestuario, tan “elegante” como el de un caballero inglés, parecía desentonar con las mañanas gélidas de la montaña, su pantalón corto dejaba entrever sus piernas flacas que disimulaban su voraz condición física.

 

Al caminar con él supe que habíamos coincidido en algunos senderos, solo que en tiempos distintos; recordamos pasajes por la sierra de Papantla y evocamos recorridos por las faldas del Cofre de Perote. Al caminar a su lado, pude notar la gran memoria que tiene para recordar los diferentes lugares, las abundantes experiencias y las distintas rutas, hablando de ellas con gran familiaridad y confianza.

 

Pude también presenciar su perenne condición física que hace de las caminatas “tranquilas” experiencias enriquecedoras para alguien ávido de natura; noté también la fortaleza mental que ostenta para sobreponerse a situaciones complicadas que van desde errar el camino por lo agreste del terreno, hasta afrontar enfermedades con encomiable resiliencia, cualidad que lo ha mantenido hasta la fecha con gran pasión y amplia virtud en su andar por el camino de las montañas y por los senderos de la vida misma. El grupo con el que camina esta plagado de gente grande, de amplia experiencia en las veredas, pero mucho más en las veredas de la vida, son personas que cargan infinidad de experiencias y sabiduría, personas de las que, aunque no comulgo con todas sus ideas, se que puedo aprenderles no solo del camino si no de la vida.

 

De esencia buena pero algo cascarrabias, Hugo conserva en su lúcida memoria muchos pasados violentos por cada una de las batallas granjeadas en los tiempos de juventud e incluso en su madurez. Hugo guarda recuerdos imborrables en su memoria de todas y cada una de las hazañas que logró antaño pero también de las hostilidades que tuvo que librar y que le forjaron el carácter que hoy lleva en su andar.

 

Coincidimos en la afinidad por la lectura, coincidimos en algunos escritores, al caminar hablamos en algunas ocasiones de ellos, le hablé de Sergio Pitol, de Juan Villoro, mientras él me hablaba de la vida y de las peripecias que le ha tocado vivir; coincidimos en algunos achaques de la edad, también coincidimos en algunas injusticias recibidas a raíz de esos achaques, pero sobre todo, coincidimos en el amor al camino, a la naturaleza, en el deseo perene de continuar caminando a pesar de que el cansancio o el destino te ataque con ferocidad.

 

Gracias a él conocí lugares hermosos, paisajes increíbles y rutas que, seguramente recorreré después en soledad o con algún amigo que tenga esta misma locura que yo, en todo caso, estoy cierto que a cada paso en ese sendero habré de recordar a ese viejo gruñón, y si es cierto que antes de nuestro aliento estertor una collage de las mejores imágenes de nuestra vida aparece, muchas de las imágenes de esos paisajes superlativos habrán sido cortesía de mi maestro Hugo.

 

“Si alguna vez cuentan mi historia que digan que caminé con gigantes. Los hombres vienen y van como el trigo en el invierno, pero estos nombres jamás morirán”

By Jaac


1 comentario


Mi abuelo, mi primer héroe, tan sabio como Yoda y tan enojón como Chewbacca, que maravilla de columna, muchas gracias por considerarlo parte de tu historia. 🫂

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