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EDITORIAL

  • hace 4 días
  • 2 min de lectura

El hecho de retirar al director de gobernación de su cargo, el cual, aunque se negara, hacía campaña anticipada con recursos oficiales y con personal obligado; representa un gesto ético por parte del alcalde y bien visto por la ciudadanía.

 

La ética en el servicio público debe corresponder a lo que en el pasado señalaron los filósofos griegos cuando comentaban las características que debía tener un individuo que aspirara a ocupar un cargo público: lealtad hacia la constitución establecida, capacidad para desempeñarse en ese puesto y la virtud y justicia.

 

Muchas de las obras de aquellos filósofos coinciden en que la ética se debe vincular a la vida política, pues ambas son cruciales para el desarrollo de las sociedades. La ética pública funciona como un mecanismo práctico de control para evitar arbitrariedades por parte de funcionarios y servidores.

 

De no hacerlo, genera un desánimo en la participación ciudadana para construir soluciones sólidas a partir de políticas públicas eficientes y eficaces que combatan la corrupción y la impunidad. Por esto, la ética pública es necesaria para que las instituciones puedan resolver las inquietudes y aspiraciones de una sociedad cambiante que ahora está más informada gracias al Internet y las redes sociales.

 

La ética pública debe cimentarse en la mística de servicio, esto es, los servidores públicos deben orientar sus actividades a satisfacer a la población partiendo de una visión plural de sus intereses.

 

Todo funcionario público necesita ser consciente de que se debe a las personas, pues fue elegido por éstas y son ellas quienes pagan su sueldo; por tanto, está obligado a transmitir a su equipo, la responsabilidad de dirigir con probidad y honestidad los asuntos públicos y resolverlos. Está para servir a la comunidad, no para servirse de ella.

 

Las conductas inmorales siempre han existido y seguirán existiendo en todo sistema político, pero reconocerlo, conlleva a reflexionar y plantear medidas que obstaculicen su avance. La ética pública contribuye a prevenir la corrupción, pero no se limita a eso, puesto que su principal objetivo radica en contar con gobiernos que afronten los grandes retos de este milenio, como lo son: combatir la injusticia, disminuir la pobreza, brindar confianza, servicios y seguridad a los ciudadanos.

 

Por ello, se recomienda el estudio de la ética pública no sólo como parte de una filosofía, sino como una directriz que hay que asumir en la conducta social y, sobre todo, en la de los políticos y servidores públicos.


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