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EDITORIAL

  • 24 jul
  • 2 min de lectura

La indignación, es un sentimiento de enojo o enfado, provocado por algo que se considera injusto, inmoral o indignante. Combina ira con rechazo y suele surgir cuando se vulneran los valores éticos o la equidad de una persona o de la sociedad.

 

En cambio, la ‘indignación selectiva’ consiste en elegir con precisión quirúrgica qué verdades amplificar y hacer escarnio público; y cuáles volver invisibles.

 

La indignación selectiva ocurre cuando una persona o grupo elige qué injusticias condenar y cuáles ignorar, basándose en sus intereses políticos, ideológicos o personales. Se manifiesta cuando se reacciona con enojo ante un problema similar a otro, pero se minimiza el segundo por no afectar afinidades previas.

 

Este comportamiento suele ser muy evidente en el entorno digital y el activismo político, donde la empatía y la gravedad de las acciones pueden llegar a medirse por la simpatía que genera la víctima o el perpetrador.

 

Esto viene en razón porque es parte de la idiosincrasia del ser humano y de la cultura del mexicano. Las últimas dos semanas, dos temas dan muestra de cómo se selecciona, ‘selectivamente’, lo que se debe criticar y lo que no.

 

El primero le tocó a un veterano conductor de un programa de espectáculos de TV Azteca, nefasto para muchos, quien se atrevió a hacer algunos comentarios en contra de las personas y de restaurantes que tratan a las mascotas como humanos. Y su desafortunado comentario, permeó hasta instancias judiciales, tuvo consecuencias hasta con anunciantes, casi lo corren y se volvió viral.

 

El segundo tema, es en relación al viaje a China de un regidor de Coatepec, que causó furor en redes sociales, pues el ciudadano se pregunta: qué va a hacer un edil que no preside la comisión de seguridad, que no se aprobó por cabildo, que tiene al panteón abandonado, que se ausenta veinte días y que el alcalde lo justifica como si fuera la panacea, como si a su regreso fuera a resolver el problema de la creciente seguridad en el municipio.

 

Estos dos ejemplos ilustran el tema de lo que significa la “indignación selectiva”, que la gente se le va más contra el tema de moda, que al fondo de los verdaderos problemas. No se indigna por que no se ha podido regular el ambulantaje, porque sigue el problema de la basura, porque no cuadran las cifras de la feria, porque se atienden más a animales que a indigentes, etc. Es decir, los ciudadanos convierten en el centro absoluto del debate, el argüende, que los temas de fondo.

 

La pregunta es por qué en unos la indignación se queda en aspavientos y en otros se convierte en acción solidaria. El incompetente se equivoca; el corrupto defrauda; el corruptor compra. Pero no todos se indignan por la situación actual del país.


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