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EDITORIAL

12 jun
2 min de lectura

El contundente triunfo de la alianza opositora (PRI-UDC) en los 16 distritos electorales locales de Coahuila, en la elección del pasado domingo 7 de junio, mandó un mensaje claro al país: cuando la ciudadanía se organiza y los partidos de oposición construyen un frente unido, es posible derrotar a Morena en las urnas.

 

El desprestigio de Morena ha permeado a todas las esferas sociales, que repudian lo que ha saldo recientemente a la luz: políticos coludidos con el narco, enriquecimientos absurdos, financiamiento de grupos criminales a las campañas que los han llevado al poder, delincuentes incrustados en el gobierno, etc.

 

Cierto que Coahuila no es el país, pero al menos allí es claro que los programas sociales perdieron fuerza para movilizar votantes por Morena. Los beneficiarios superan el medio millón, en Coahuila; Morena solo obtuvo la mitad. El mal perdedor de siempre invoca trampa y dice que fue el dinero el que resolvió la elección.

 

En morena se decía que ‘es tonto quien piensa que el pueblo es tonto’; pero olvidaron que Coahuila es un estado donde no hay impunidad y es el más seguro del país; lo que impide que Morena gane adeptos y pueda ser opción de gobierno.

 

Los mismos morenistas responsabilizan a Andy, el hijo pródigo, quien presumió, como secretario general, de haber fortalecido a su partido. En parte hay razón para culparlo, pero lo que más ha pesado es el escándalo derivado de la corrupción que ahora castiga la imagen de Morena, además del frente judicial de Estados Unidos para que se detengan a funcionarios morenistas coludidos con el narcotráfico y lo que resulte de las investigaciones de la FGR sobre el contrabando de huachicol.

 

Todos los caminos de la venalidad conducen a Palenque. Una golondrina no hace verano. Las elecciones de Coahuila ocurrieron en una razonable normalidad más allá de los reclamos exculpatorios de los perdedores.

 

Aunque, siendo francos, las elecciones de 2027 difícilmente se darán en el mismo contexto. El régimen se ha desnudado y en el afán de mantenerse en el poder, no sólo modifica la Constitución, asunto grave, sino que todavía más es desaparecer a la justicia electoral o la ostensible colonización de los órganos electorales.

 

Ya se sabe que el clientelismo no da para definir elecciones, pero persiste y el miedo a la derrota puede volverse estructura de choque, movilizar para reprimir, para reducir al adversario. Pero no es allí el problema mayor. En Coahuila los delincuentes están a raya y esa es la mayor singularidad, pero no en todos lados.

 

¿Que habrá de ocurrir en las amplias regiones con dominio criminal? Asunto de la mayor preocupación. Aunque Coahuila, es una clara muestra de que sí se puede…


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